| Peiter, Peter y Peer y otros cuentos: Cuentos completos IV |
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Peiter, Peter y Peer y otros cuentos: Cuentos completos IV. |
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El orden en que se presentan los cuentos y su traducción están basados en la edición completa original: Samlede Eventyr og Historier. Este cuarto volumen incluye treinta y nueve cuentos escritos por Andersen en su última etapa, entre 1865 y 1872: desde El cuarto de los niños hasta Tía Dolor de Muelas. Carmen Posadas rastrea en su prólogo las huellas de otros autores y de fuentes populares en lo que ella llama “la trastienda de sus relatos”. Puesto que este volumen recoge cuentos de la última etapa de la vida del escritor, Posadas se centra en analizar en ellos las manifestaciones literarias de la fascinación que Andersen sintió por el progreso propiciado por los avances tecnológicos de finales del siglo XIX. En el apéndice, Bernárdez recalca que Andersen no fue precisamente un filólogo erudito recopilador de cuentos tradicionales, sino un escritor que, en el siglo XIX, logró escribir literatura en lengua coloquial; se dirigió a los niños con historias en las que no prevalecía la enseñanza, sino la diversión, la imaginación y el placer estético; les presentó a un Dios protector; les comunicó su pasión por viajar para conocer; convirtió temas y personajes infrecuentes en literarios, en especial temas intrascendentes y protagonistas humildes. Estas características inconfundibles de su escritura ejercen un reconocido influjo en la novela europea contemporánea. Asimismo, Bernárdez advierte que los finales tristes, incluso trágicos, de muchos de sus cuentos se deben, en parte, a la estética y la realidad social de finales del siglo XIX, pero también al espíritu de Andersen; y lamenta los finales desdramatizados de algunas versiones actuales, por los que las “grandes piececitas literarias acaban convertidas en simples historietas”. En las dos ilustraciones anexas resaltamos el uso que este autor hace de la luz, sumamente cargada de intencionalidad. En la ilustración de cubierta hay un delicado y a la vez contundente contraste que nos ejemplifica cómo se trabaja este elemento y cómo casi nos hace percibir el frío de una mañana soleada de inverno. En la siguiente imagen, sin embargo, percibimos el confuso y cargado ambiente de interiores que a veces nos recuerda a Degás. Como tónica general hemos percibido composiciones en las que se realizan formas sueltas para las cabeceras de los títulos y viñetas enmarcadas para las ilustraciones dentro del texto. Hay dibujo previo al coloreado. Se trata de líneas suaves, blandas y rápidas que nos muestran figuras lánguidas, alargadas y deformadas como arrastrando silencio y tristeza. Elcoloreado se comienza realizando una base de “una veladura ocre grisácea sobre el dibujo a lápiz para entonar y dar textura.Los volúmenes y las sombras se consiguen con acuarela para terminar realzando algunas partes, empastando, dando luces o texturas más definidas con acrílico” (1). La mayoría de las imágenes se elaboran usando como tonos básicos: negro, blanco, pardo, rojo y algo de amarillo (pp. 25, 41, 56, 85, 111, 125, 139, 263), aunque en otros casos se usa sólo blanco, amarillento y negro (pp. 75, 91, 133, 177, 194) o bien armonía de azules y negro (pp. 99, 161). Como hemos podido comprobar no hay uso del verde. Con respecto a los personajes, se nos aparecen en tres grupos: figuras deformes, estilizadas y de narices imposibles (que con sus sombreros de copa recuerdan a los personajes de Henri de Toulouse-Lautrec (pp. 68, 139, 195), en las cabeceras de los títulos se nos mezclan regordetes y enanos que se adaptan al formato horizontal, o animales y cosas con rasgos humanizados (pp. 20 y 209) que completan la estudiada visión que este ilustrador tiene de Andersen. (1) Datos proporcionados por el ilustrador. |
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