| La pequeña cerillera y otros cuentos: Cuentos completos II |
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La pequeña cerillera y otros cuentos: Cuentos completos II. Madrid: Anaya, 2004. |
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El orden en que se presentan los cuentos y su traducción están basados en la edición completa original: Samlede Eventyr og Historier. Este segundo volumen incluye desde La aguja de zurcir hasta El último sueño del viejo roble. Los cincuenta y cinco cuentos que conforman el libro se agrupan en tres apartados: cosas que hablan y actúan, animales y plantas que sienten, seres maravillosos, seres humanos, el transcurso del tiempo y temas religiosos. José María Merino destaca en Andersen dos condiciones. Una de ellas es la de excelente narrador oral, que disfrutaba del cuento como objeto de comunicación y que supo conservar el espíritu inefable y efímero de la oralidad en sus piezas literarias. Los textos aparecen intercalados por abundantes digresiones, pinceladas humorísticas, interpelaciones al lector y emulación de sonidos ambientales, que parecen imposibles de interpretar sin ser asociadas a su consiguiente gesticulación. La otra condición excepcional que señala Merino en la figura de Andersen es la de ser capaz de escribir un cuento partiendo de cualquier asunto. Su capacidad de escuchar la voz que tienen todas las cosas y lo que tienen que contar se interpreta como signo de un extraordinario sentido de la vitalidad del universo. El mundo de los cuentos de Andersen está poblado por objetos, animales, plantas, seres maravillosos y seres humanos. Son cuentos, la mayoría de las veces, inventados, y, en ocasiones, descubiertos de la tradición popular y reinventados con su propia voz. A continuación, Merino hace un recorrido por los relatos que abordan los temas de “el amor infructuoso”, “el paso del tiempo” y “la muerte”, trascendida por el peculiar espíritu religioso del autor, y enlaza este hecho con la búsqueda de la ejemplaridad en todos sus cuentos. El crítico concluye este prólogo dedicando un espacio al misterioso cuento titulado La sombra, sobre el difícil equilibrio entre intuición y razón, en el que encuentra, también, alusiones metaliterarias al proceso de la creación artística.No es difícil relacionar las imágenes de Jav¡er Sáez Castán con la pintura deMagritte incluso la caligrafía usada en la ilustración de “La campana” (p. 20), “Buen humor” (p. 165), o más claramente aún en “En el día postrero” (p. 155) o las composiciones de “Bajo el sauce” (p. 188) y“¡Es verdad!” (p. 159). Todas tienen una clara evocación a este autor. Encontramos, además, que en casi todos los casos las imágenes representan motivos únicos y centrados, dando especial relevancia al objeto, lo que nos ha hecho reflexionar sobre la relación con la pintura metafísica y Chirico, uno de sus máximos exponentes. Las ilustraciones de suave modelado de volumen, nos llevan así, más allá de la imagen encerrando metáforas visuales que podrían convertirse para los niños en acertijos y jeroglíficos que retan a ser resueltos complementándose con el texto. Con respecto al uso del color no se aprecian grandes contrastes tonales y aunque no podemos afirmarlo al completo hay predominancia de la gama fría, pues se usa con preferencia el azul y el verde. En todos los casos la técnica de aplicación de la pintura deja percibir la textura de la superficie, aun cuando no se trata de una ejecución muy empastada. “Las texturas contribuyen a dar a las ilustraciones una apariencia desvaída, un aire evocador de cosas de otro tiempo” (1) (1): Datos proporcionados por el ilustrador. (Clic aquí para consultar otro/s libro/s ilustrado/s por Javier Sáez Castán ) |
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