| Cuentos de Andersen |
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Cuentos de Andersen. 3ª imp., Madrid: Anaya, 1999. |
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Incluye los cuentos: La princesa y el guisante, Pulgarcita, La sirenita, El traje nuevo del emperador, El valiente soldadito de plomo, Los cisnes salvajes, El ruiseñor, El patito feo, El abeto, La reina de las nieves, Los zapatos rojos, La pequeña cerillera, El último sueño del viejo roble, El muñeco de nieve, El caracol y el rosal y El cuento de mi vida sin literatura. Martín Garzo desarrolla la teoría de que Andersen habla en sus cuentos “de las enfermedades de la imaginación, que es el don más luminoso y terrible del amor”. Advierte que la imaginación, lejos de permitirnos escapar de la realidad, nos ayuda a asentarnos más profundamente en ella, iluminando sus zonas más ocultas. Y sostiene que los personajes de Andersen, inadaptados y siempre expuestos al rechazo y la pérdida, se parecen a los amantes en su búsqueda del amor y su experiencia tan cercana a la muerte. COMENTARIOS SOBRE LAS ILUSTRACIONES JAVIER SERRANO: ilustración de cubierta Antes de abrir el libro encontramos la primera imagen que nos sumerge una sopa visual del universo de Andersen. Los personajes se entremezclan unos con otros en la antesala de su visión de la vida. Javier Serrano ha representado a un personaje central que podría ser el propio Andersen, también aparecen: La Princesa con el guisante, la Cerillera, el pez del Soldadito de plomo cara humana, todo en una controlada amalgama. Esta ilustración de presentación en la portada nos muestra una composición con planos y figuras que se suceden hacia el fondo. El dibujo es preciso, las formas concretas y se perciben concesiones a la proporción de algunos miembros de los personajes. Las líneas recorren los contornos de las figuras disolviéndose en las sombras. Los colores son terciarios en su mayoría,haciendo un paralelismo con el mundo muchas veces de oscura tonalidad del autor, dan sentido al conjunto creando un efecto de uniformidad. Hay preocupación por captar el volumen de los cuerpos representados, trabajándose el difuminado con un suave foco imaginario que las ilumina. La ilustración recoge el sentido metafórico, melancólico y desconcertante de los más famosos cuentos de H. C. Andersen. FUENCISLA DEL AMO: La princesa y el guisantey El ruiseñor.
En los dos cuentos nos encontramos con visiones realistas de estos dos cuentos, ancladas en planteamientos de los guiones sin concesiones a la fantasía. El uso de técnicas mixtas prolifera bastante entre los ilustradores: “una base de acuarela y después un acabado con lápices” (1) es lo que se aprecia. La autora comienza con una aguada del tono base en los fondos de las formas que se complementa con el lápiz que imprime acabados con tramas finas o difuminados que construyen los volúmenes de las telas principalmente en el caso de “La princesa y el guisante” (p.16) o bien en las arquitecturas de “El ruiseñor” (pp.115 y 123). Una fina línea de contorno se deja entrever a veces como muestra de un dibujo previo estudiado hasta el detalle, aunque no se usa como línea de apoyo en el discurso de la ilustración, sino que queda enmascarada en la mayoría de los perfiles. Excepto en ilustración de portadilla, la gama utilizada en “El ruiseñor” está basada en los tonos cálidos (ocres, rojos, tierras, naranjas, etc.); mientras que en “La princesa y el guisante” no se percibe esta uniformidad. (1) Información proporcionada por la ilustradora. ENRIQUE PERALES: Pulgarcita y El caracol y el rosal
Estamos ante unas ilustraciones que contrastan con el argumento fantasioso y apastelado en que se han transformado algunas versiones de este cuento donde se recoge una visión de los personajes casi mirada desde el prisma del Expresionismo alemana de un Ensorya que se potencia con la imagen esas personalidades de “submundo” de las que huye Pulgarcita. Nos encontramos con personajes de apariencia tosca, lejos de idealizaciones de animalitos del bosque, los contornos burdos, dejando poco sitio a delicadezas de versiones anteriores. En “El caracol y el rosa” sin embargo, usando la misma técnica, se presentan imágenes que potencian la parte positiva de la historia (los personajes humanos que se benefician del rosal). En los dos casos el autor usa contornos gruesos, para delimitar personajes y figuras sin corporeidad (son planos, sin representación de sombras propias ni volumen). La materia es de aplicación empastada y de pinceladas visibles sin intencionalidad. Los colores son impuros, degradados y mortecinos que nos alejan de las versiones más cándidas de estos cuentos; sin embargo apreciamos cierta valoración en el tratamiento del caracol en cuanto a organización y estructura de la forma con intención de representación de la tridimensionalidad y el escorzo, por lo que podemos extraer que se han buscado muchos de los efectos anotados en pro de del argumento. VIVÍ ESCRIVÁ: La sirenita
Una visión ingenua y cargada de dinamismo nos invita a recorrer cada una de las imágenes de este cuento en el que se desparraman múltiples arco iris provocados por un uso encantador de los degradados. Las composiciones son estudiadas creando un ritmo u organización evocadores de los contenidos que presenta (p. 39: en círculo de las sirenitas atentas, p. 46: las líneas descendentes que marcan el hundimiento del príncipe, p. 65: la superposición de las líneas de las cortinas, los cabellos, los brazos, etc., de las tres figuras...). Los dibujos están esbozados previamente con un instrumento que ha perdido su nitidez probablemente por la técnica de la acuarela posterior; no obstante se vuelven a marcar los contornos deseados por rotulador o plumilla de tinta negra. La ilustradora ilumina las zonas donde quiere llamar la atención realizando una suave aguada, casi sin color (pp. 55 y 65), aunque a veces repasa también con colores empastados o matiza con un suave plumeado para sombras y luces. Todas las ilustraciones se encuentran envueltas en la armonía cromática que evoca el color azul del mar y los tonos que provoca el uso de éste o su intervención en la mezcla con otros lo que confiere a los conjuntos frescura y dinamismo en un primer momento y tras una segunda revisión nos pone de manifiesto un trabajo proyectado. ENRIQUE FLORES: El traje nuevo del emperador. Los zapatos rojosyEl muñeco de nieve.
¿Cuáles son los personajes principales de estos cuentos? A veces nos ha parecido imaginar como los vasallos del Emperador son los protagonistas mientras sonríen ante la indiferencia de su señor. El principal foco de atención son los personajes. En todos los casos se representan escenas relativas a acciones que se desarrollan con los personajes en la narración. En estos 3 álbumes ilustrados encontramos una técnica y enfoque similares. Los fondos se sugieren con algún elemento alusivo, (El traje nuevo del emperador, p. 74, Los zapatos rojos,p. 203), quedando representadas las formas recortadas sobre el fondo blanco. Como rareza, la técnica de ejecución podría tiene relación con el “falso grabado”, procedimiento que consiste en impregnar con témpera los elementos que se desean coloreados, en una segundas fase todo el diseño se pinta con tinta, lavándose posteriormente el formato. Esta operación provoca que la tinta sólo permanezca en los lugares donde no se depositó témpera. Así resultan muy atractivos los efectos casuales en los lugares donde la témpera no se aplicó muy espesa. Con esta técnica es imposible prever los resultados al cien por cien: Los contornos de las figuras y formas a veces no quedan perfilados completamente, el color no es todo lo intenso que se pretende, etc. Pensamos que se han utilizado retoques de aguada para el suelo y el ventanal de Los zapatos rojos (p. 203) la nieve en el suelo y los árboles del fondo en El muñeco de nieve (p. 229). GABRIEL HERNÁNDEZ: El valiente soldadito de plomo y El patito feo
Niños y no tan niños podrán admirar una técnica poco usual actualmente en ilustración: La aguada con un tono monocromo. La técnica es idéntica en los dos cuentos iluminados por el autor. Las composiciones varían su enfoque con respecto al espectador: Tenemos puntos de vista muy cercanos, (pp. 77, y 81), planos de paisaje (pp. 125, y 136). En las ilustraciones de cabecera se trata de una aguada en color tierra ocre o sanguina pardo con toques blanquecinos (pp. 77 y 125); pero en las imágenes que acompañan a los textos hay breves pinceladas de color (azul: pp. 81 y 187 o rojo: p. 81). Las formas se dibujan con tramados de líneas paralelas que recorren los cuerpos de los personajes agudizando la intención de representar el volumen y la tridimensionalidad. Se destacan con unos breves trazos de negro las figuras significativas (p. 77) para que el espectador perciba como en un cuadro cual es el motivo principal. IRENE FRA: Los cisnes salvajes y La pequeña cerillera
Destacamos la valentía de la autora en el planteamiento general del color. Podremos apreciar unas ilustraciones que apuestan por los contrastes fuertes entre motivos y fondo, lo que hace que nuestra atención recaiga rápidamente sobre las imágenes. Como pauta general podemos apreciar el uso de una gama de colores amplia y realista, el suave dibujo previo a lápiz y la técnica de aguada combinada con zonas de mayor insistencia y espesor de la materia pictórica (Los cisnes salvajes, pp. 86, 95 y 106, La pequeña cerillera , pp. 211 y 214). En los dos casos también se realizan ejercicios de perspectiva, trabajándose las líneas de fuga, especialmente en la cabecera de título (p. 86), y en la reconstrucción de la escena callejera de la página 214. Además, encontramos escenarios complicados donde los planos se superponen repetidamente creando efectos de sobrecargado solapamiento de imágenes dando teatralidad a la escena (pp. 95 y 106) y recordando tomas cinematográficas de cine de aventuras. Los colores se extienden de manera uniforme y no se pretenden efectos más que los proporcionados por la aplicación más o menos densa de la materia y los leves difuminados. Los volúmenes se consiguen con variaciones de la gama del color y la iluminación a veces se vuelve estridente por la búsqueda probablemente de la representación de la luz artificial (p. 211). Resulta fresco el efecto de no acabado de la figura más cercana en la página 214, donde apreciamos el dibujo previo. LUIS CASTRO ENJAMIO: El abeto y El último sueño del viejo roble
El ilustrador no siempre considera que un dibujo meticuloso es el más atrayente para el espectador y en este caso vemos como combina las imágenes más acabadas con otras de tipo más expresionista y menos meticuloso (ver imágenes adjuntas). La técnica del autor en los dos casos prepara el fondo del formato casi en su total extensión con una mancha negra, que usa como base para construir encima las formas. La excepción son: La luna (pp. 141 y 147) el ratón (pp. 151), el pájaro de la cabecera de El último sueño del viejo roble y las figuras de los amantes y las hojas (pp. 217 y 223). Parte de las escenas están elaboradas con aparente despreocupación (texturas de los fondos en la aplicación de los colores, etc.; sin embargo hay un dibujo muy meticuloso en la zona de los rasgos de la luna y los personajes, que poseen un meticuloso trabajo de tramado de líneas. Los motivos suelen ser únicos, centrados en la escena. La técnica combina los trazos en trama paralela a lápiz con la materia más empastada. Los colores usados abarcan una gama corta: blanco, negro, gris, ocre, marrón y rosa. Apenas se usan los degradados o matices; aunque sí los difuminados de estos tonos. LUIS DE HORNA: La reina de las nieves
Nunca un exceso de trabajo, redibujado, multitud de colores, etc. pudo parecer tan ligero, fresco y agradable. El estilo personal del autor (ver también Hans el Patán en la sección de álbumes ilustrados de esta guía) envuelve las ilustraciones en un equilibrio entre la madurez de la técnica y el halo de estudiada originalidad de cada imagen. El ilustrador consigue integrar en los elementos de sus imágenes los aspectos de grafismo, color y volumen, pues los trata como un todo: Hay una estrecha relación entre el cromatismo y la forma de trabajar los ritmos que bordean la forma. La mayoría de los personajes están contorneados con triples líneas que se integran en la estructura. Se aprecia un gusto por el uso de gamas armónicas. Por lo general se usa la tinta plana con intervenciones de pinceladas para realzar movimientos o volumen. También podemos ver fondos lisos cubiertos con esponjados. Casi podríamos hablar de gamas que caracterizan cada una de las ilustraciones: (p. 158: calientes y algo de fríos: rojo, violeta, azul; p. 165: azules, negro y algo de cálidos;p. 169: fríos y cálidos mezclados; p. 183: cálidos oscuros y fríos: burdeos, violeta, etc.). El volumen se trabaja variando el color de los planos que presentan distinta angulación con respecto a un foco de iluminación. También se expresa con pequeñas líneas marcadas en la parte más extrema de los elementos (p. 159: tejado y nubes) o bien repasando las formas con blanco en zonas de brillo. Las estrategias para conseguir sensación de espacio las vemos en las páginas 158 (las bandas del tejado se dirigen hacia un punto de fuga), 169 (los árboles son más pequeños, el río se estrecha...) y 183 (caballos y puertas disminuyen de tamaño...). (Clic aquí para ver otra/s obra/s de Luis de Horna.) |
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